Por eso amado Dios, hoy me acerco hasta Ti, para poner en tus manos mi vida y mi destino. Te suplico que me llenes de fuerza, que en mi vida florezca la esperanza y que este temor que hoy me embarga se vaya para siempre, dejando solo lugar para el amor, la felicidad, la alegría, la buenaventura y la prosperidad.
Y si por algún motivo estuviese a punto de desfallecer, te suplico que me tomes en tus manos y me susurres al oído las razones por las cuales debo seguir adelante.
Recuérdame que todo lo que sube hacia a Ti en forma de sincera oración ha de bajar a la tierra en forma de maravillosa bendición y recuérdame también que Tú eres un Dios de amor y que eres la calma aun en medio de la más fuerte de las tormentas.
Tú eres mi refugio y mi roca segura, permíteme reposar en Ti en estos días de nostalgia y desánimo.
En este momento de mi vida, cierro los ojos y lleno de fe en Ti y seguro de que mi oración encontrará respuesta, te digo: Padre celestial, sé que todo lo que está pasando ahora es parte de tu plan, por favor solo ayúdame a superarlo, tómame de la mano y muéstrame el camino hacia días más felices.




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